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La eficiencia energética ha de integrar principios éticos para lograr una gestión responsable

25/02/2010


En la actualidad, el acceso global a las fuentes de energía es poco equitativo

Lo medioambiental y lo social. Dos son los pilares fundamentales sobre los que se asientan los últimos resquicios de confianza de una sociedad que ha visto derrumbarse ante sus ojos las estructuras económicas y financieras en apariencia indestructibles, arrasadas por la peor crisis a nivel mundial en muchas décadas. La RSC, en su vertiente de protección social y resguardo de los derechos laborales se da la mano con la preservación del medio ambiente y la promoción de las energías limpias. Un afán, en suma, de desarrollo sostenible que se revela urgente después del huracán financiero y tras no pocos reveses y decepciones de índole social o medioambiental, entre los que destaca la fallida Cumbre de Copenhague que dio al traste con las esperanzas mundiales en materia de reducción de emisiones contaminantes. La lucha contra el cambio climático se acoge- en la mayoría de los países de la UE y en particular en España- al camino de la promoción de las energías renovables, enarbolando la eficiencia energética como arma y escudo en la lucha para reducir la contaminación.

Sin embargo, fracasos como el de la Cumbre de Copenhague donde fue imposible lograr un acuerdo entre los países desarrollados y los emergentes para reducir las emisiones, ponen de manifiesto la honda brecha que todavía existe entre las acciones definidas en pro del medio ambiente y los posicionamientos éticos, que parecen quedar relegados únicamente a los asuntos de índole puramente social.

La gestión ética de la que tanto se habla a la hora de desarrollar las políticas de Responsabilidad Social debe existir también en materia de eficiencia energética. El consumo responsable de energía se revela como imprescindible para que Europa se convierta en el adalid de la visión de un 'nuevo mundo' en el que se aplique una gestión ética a los recursos, las ideas y las personas. Es vital el eficiencia en el uso de los recursos energéticos, cuyas reservas deben ser consideradas como finitas. La confianza en la capacidad tecnológica no debe soslayar la convicción de que es necesario un gran esfuerzo de investigación para descubrir y desarrollar nuevas fuentes de energía.

ÉTICA ENERGÉTICA

Ciertamente, a la hora de echar un vistazo a la situación energética mundial, el sentido ético en el acceso a las fuentes de energía brilla por su ausencia, y los países emergentes son en ocasiones las grandes víctimas de las emisiones contaminantes responsabilidad de sus vecinos más adinerados. Es llamativo el caso de Estados Unidos, que con un 5% de la población mundial gastan un 25% de la energía mundial. En casos como éste, la ausencia de voluntad a la hora de involucrarse en un acuerdo global ejemplifica el limitado sesgo “ético” que suele acompañar al tema de la eficiencia energética.

Para la mayoría de los expertos, la gestión inteligente de la energía tiene gran relevancia a la hora de dar impulso a los intentos de salir de la crisis económica, además de ser un requisito indispensable para la sostenibilidad del entorno. Hoy en día, de los aproximadamente 6000 millones de habitantes del planeta, sólo 2000 tienen un acceso regular y no interrumpido a alguna fuente de energía. Así pues, la capacidad de generación de energía debe incrementarse, atendiendo sobre todo a un reparto mucho más equitativo que el que existe en la actualidad. Para ello debe abandonarse el enfoque puramente “técnico” de la eficiencia energética, comenzando a pensar en términos de justicia, ética y equidad.

Entre las acciones a llevar a cabo destaca el establecimiento de una política energética y un marco regulatorio adecuado al escenario normativo para establecer objetivos y líneas de acción de largo plazo y revisar que cualquier conjunto de medidas propuesto se ciñe a los objetivos a largo plazo.

LA NECESIDAD DE REACCIÓN

En la aportación española al Global Progressive Forum celebrado hace un año, se destacaba el hecho de que incluso cuando los efectos de las crisis ecológicas afectan a la economía a corto plazo, no suelen producirse las necesarias reacciones políticas. Se tiende pues a interpretar estas señales como si fueran coyunturales, y no como la manifestación del progresivo agotamiento de los combustibles fósiles (en el caso de la energía), o de los efectos del cambio climático y de la pérdida de calidad de los suelos (en el caso de los alimentos).

Así pues, se hace necesario un liderazgo político fuerte para dar cabida a los impulsos de una eficiencia energética de sesgo ético. Hoy en día, surge el difícil desafío de dirigir una transición hacia una economía justa y en equilibrio, sostenible en el tiempo y respetuosa con las personas y el medio ambiente. En el mencionado informe se defiende también la propuesta para los países desarrollados de impulsar una progresiva convergencia de las emisiones de CO2 per cápita, para incorporar elementos de equidad que hagan viable la participación de los países en desarrollo.

De acuerdo con dicho enfoque, un colectivo de investigadores denominado Ecoequity ha propuesto un método de cálculo para repartir el esfuerzo de mitigación del cambio climático, teniendo en cuenta las emisiones per cápita, las emisiones acumuladas desde 1990, la renta per cápita y el nivel relativo de pobreza de cada país. De acuerdo con ese cálculo, los compromisos previstos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en el horizonte del 2020 supondrían un coste económico equivalente al 1,5% del PIB anual en el caso de EEUU, del 1,1% en el caso de la UE, del 0,7% en el caso de China…y tan solo del 0,08% del PIB para el conjunto de los países menos desarrollados.

En definitiva, es necesario asumir un reparto equitativo y justo de los derechos relativos al medio ambiente. Los desafíos del cambio climático no solamente tienen relevancia a la hora de preservar la biodiversidad, sino que su control es imprescindible para la salud, la calidad de vida y el desarrollo sostenible de toda la humanidad.

Fuente:

Intelligence & Capital News

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