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Ventanas ecológicas

06/07/2010


Tirar la casa por la ventana, o más bien, la energía. Así ocurre si esta parte del hogar carece de un buen aislamiento. Los fabricantes proponen en la actualidad una gran variedad de ventanas que reducen el consumo energético de la calefacción y del aire acondicionado.

Algunos modelos más innovadores, incluso, generan energía gracias a sus materiales fotoeléctricos. Por ello, elegir una ventana adecuada no sólo es positivo para la estética y el confort de una casa, sino también para el bolsillo y el medio ambiente.

El aislamiento que consiguen unas buenas ventanas supone un importante ahorro en calefacción y aire acondicionado. Según un estudio de la Agencia Estadounidense de Medio Ambiente (EPA), reemplazar unas ventanas antiguas de un hogar medio por otras modernas puede suponer un ahorro de hasta 380 euros al año. Por ello, merece la pena invertir en unas buenas ventanas. Además, algunas comunidades autónomas conceden interesantes ayudas para la sustitución de las antiguas.

Los fabricantes de ventanas disponen en la actualidad de una gran variedad de modelos, materiales y sistemas. Una opción son las ventanas de doble o triple acristalamiento. El espacio vacío entre sus distintas capas logra una buena reducción del ruido exterior e incrementa la eficiencia térmica. Lo normal es que se deje aire entre las capas de los cristales, pero algunos fabricantes incluyen diversos tipos de gases, como el argón, para incrementar el aislamiento.

En otros casos se utilizan diversos tintes para filtrar o reflejar la luz y, de esta manera, mantienen el calor en invierno y lo reducen en verano. Cuanto más aislamiento se pueda lograr, mejor, pero el precio de la ventana será también mayor.

Los materiales son también variados. El aluminio es uno de los más económicos, pero también es menos eficiente. La madera proporciona un estilo tradicional, pero es más cara que el aluminio. La fibra de vidrio ofrece un estilo único, tiene una eficiencia algo mayor que el aluminio y es muy ligera.

El vinilo, o PVC, es el material para ventanas más común de la actualidad: tiene una buena eficiencia energética, es económico, su mantenimiento es sencillo y está disponible en varios colores y texturas (algunos modelos imitan a otros materiales como la madera).

Los defensores del PVC sostienen que ayuda al medio ambiente al reducir el consumo eléctrico y las emisiones de dióxido de carbono (CO2). Según un estudio del Laboratorio de Modelización Ambiental de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), una ventana de 1,34 x 1,34 de dos hojas con doble a de aluminio no reciclado sin rotura se traduce en un consumo de 4.413 kilovatios/hora (KWh) y unas emisiones de 1.935 kilos de CO2. La misma ventana en PVC con un 30% reciclado supone un consumo eléctrico de 1.740 KWh y unas emisiones de CO2 de 730 kilos.

No obstante, los detractores del PVC aseguran que es contaminante en su producción, uso y desecho. Al ser un material plástico conlleva todos los inconvenientes medioambientales del uso del petróleo. Además, utiliza sustancias organocloradas que no sólo afectan al entorno, sino también a la salud de las personas. Uno de los elementos que causan el síndrome del "edificio enfermo" sería el PVC, que también se puede encontrar en tapicerías, suelos, cortinas, papeles pintados, etc. Si el PVC no se recicla de forma adecuada, acaba en las incineradoras, que también tienen inconvenientes ambientales.
Ventanas que generan energía

Diversas empresas y grupos de investigación trabajan en diseños de ventanas que hoy parecen futuristas, pero que dentro de unos años podrían ser habituales en las casas de los consumidores.

El avance de los materiales fotoeléctricos ha supuesto la creación de ventanas que generan energía a partir de los rayos solares. Investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Taiwán, dirigidos por el profesor Chin-huai Young, han creado un prototipo de cristal para ventanas que produce energía solar, además de tener una gran eficiencia térmica y de limpiarse a sí mismo.

La ventana del equipo taiwanés tiene tres capas ultrafinas. Una de ellas se compone de dióxido de titanio, que limpia las sustancias orgánicas que se depositan sobre su superficie. La segunda capa lleva silicio y genera la electricidad, mientras que la tercera capa es el aislante. Según sus responsables, es capaz de bloquear el 90% del calor, frente al 63% de las convencionales. La electricidad que producen estas ventanas se podría aprovechar para pequeños dispositivos electrónicos.

La empresa holandesa Peer +, ha creado la "Smart Energy Glass", una ventana cuyo vidrio también convierte la luz solar en electricidad. Este modelo, disponible en varios colores, tiene un interruptor para seleccionar la cantidad de luz que se quiere dejar pasar. De esta manera, se puede variar desde una posición transparente hasta otra opaca, que genera una mayor electricidad. De forma similar, la empresa coreana Kyosemi ha presentado unos paneles solares transparentes, denominados Sphelar, que también pueden funcionar como ventanas productoras de energía.

Por su parte, Koolshade es una ventana compuesta de diminutas láminas de bronce dentro de un marco de aluminio. Las láminas actúan como una especie de cortinilla que bloquea los rayos solares y evita la entrada de insectos.

Fuente:

Ecoticias.com

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