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Consumo energético responsable en la industria andaluza

17/12/2008


En la actualidad, el nivel de progreso y desarrollo económico a nivel mundial está íntimamente relacionado con el acceso y el uso apropiado de la energía. Este contexto internacional, en el que se conjugan un determinado grupo de países desarrollados con un alto nivel de consumo con otros países de economías emergentes y fuertemente poblados, que requieren para su desarrollo un uso masivo de energía, puede conducirnos a una situación de insostenibilidad ambiental con las consecuencias, ya descritas y evidentes, del cambio climático. Por ello, debemos ser capaces de desarrollar la economía mundial en unas condiciones de equilibrio económico, social y medioambiental, que satisfagan las necesidades de bienestar de todos sus ciudadanos, a la vez que posibiliten un compromiso con un consumo energético responsable.

Para cumplir con este compromiso de responsabilidad global es necesario optimizar las técnicas y usos energéticos, llevar a cabo políticas de transferencia de las mejores tecnologías energéticas existentes en el mercado desde los países desarrollados hacia el resto de países en vías de desarrollo, diversificar al mismo tiempo las fuentes energéticas tradicionales hacia otras más renovables y respetuosas con el medio ambiente, establecer pautas de comportamiento para hacer un uso racional de la energía y cumplir con los compromisos internacionales de reducción de emisiones. Son, por tanto, las políticas de ahorro y eficiencia energética las únicas vías para conseguir todos estos fines y las energías renovables las fuentes energéticas que deben protagonizar el cambio de este caduco sistema energético actual.
En el ámbito comunitario, la pasada semana se ratificó la propuesta original del denominado 20/20/20, por el que los Estados Miembros se proponen para el año 2020 reducir las emisiones de CO2 en un 20%, reducir el consumo de energía en un 20% e incorporar, asimismo, las fuentes renovables a la estructura energética en un 20% del consumo de energía primaria.
Las energías convencionales se caracterizan por ser fuentes agotables, lo que hace necesaria la existencia de otras energías que las diversifiquen y sustituyan. En este contexto, son, sin duda, las energías renovables la única alternativa viable a largo plazo. Los beneficios energéticos y ambientales que aportan las energías renovables bastarían para justificar su uso, pero, además, ya podemos considerar como baza para su empleo el desarrollo socioeconómico que empiezan a representar.
Las energías renovables ya no se ven en la actualidad como una utopía. Son parte del abastecimiento energético y de la economía nacional y están asociadas a indicadores de gran calado como el empleo, la inversión o la participación de empresas auxiliares. Además de posibilitar una generación energética sostenible impulsan el desarrollo de una estructura industrial de gran valor añadido. Así, en Andalucía, contamos con industrias dedicadas a la fabricación de captadores solares térmicos, módulos fotovoltaicos de última generación, componentes termosolares, eólicos, fabricación de calderas y otros equipos de biomasa y sistemas de control de instalaciones renovables. La industria de las renovables es, por tanto, una oportunidad de desarrollo económico para Andalucía que ha dado muestra de su incidencia con cifras de gran calado como los 27.000 empleos generados en 2008 por la energía solar fotovoltaica, 3.000 a través de la eólica y 2.500 con la termosolar; resultados a los que se debe sumar la importante actividad empresarial que generan, a su vez, las instalaciones solares térmicas y el empleo de biomasa para usos térmicos, existiendo más de 1.000 empresas instaladoras en Andalucía.
Junto a esa oportunidad de desarrollo económico, la industria de las renovables nos convierte en una región exportadora de tecnología a la vez que propicia una oportunidad de consolidación para el tejido industrial andaluz. Además de las industrias existentes, Andalucía cuenta con un importante número de proyectos de elevado valor tecnológico, como es, por ejemplo, el caso de la producción de polisilicio, de tecnología fotovoltaica de capa fina o industrias de componentes termosolares.
En estos últimos años se ha comenzado a desarrollar un sector empresarial que muestra interés en las posibilidades de negocio que ofrece el buen uso energético (combinación entre un sistema energético más eficiente con una alta participación de energías renovables). El gobierno andaluz está impulsando fuertemente un mejor sistema energético en la región. Este modelo es el que se refleja en el Plan Andaluz de Sostenibilidad Energética y se apoya, para su desarrollo, en la Ley de Fomento de las Energías Renovables y del Ahorro y la Eficiencia Energética, así como en el Programa de Incentivos para el Desarrollo Energético Sostenible de Andalucía.
Hoy en día, la participación en I+D+I es uno de los retos y necesidades del sector empresarial y del conjunto de la sociedad. En este sentido, en Andalucía se está desarrollando una importante actividad, impulsando proyectos de innovación energética (energía termosolar, eólica, bioenergía, hidrógeno, biocarburantes, etc.) en los que la Junta de Andalucía participa activamente y a los que apoya mediante la puesta en marcha del Centro Tecnológico Avanzado de Energías Renovables (CTAER).
La mejora de la competitividad en el sector industrial andaluz precisa llevar a cabo actuaciones de ahorro energético y la optimización del uso de la energía. En el año 2007, el consumo de energía final de dicho sector fue de 3.814,5 ktep, siendo el segundo más consumidor, a poca distancia del sector del transporte.
Se ha comentado cómo las energías renovables son la alternativa al consumo de energías convencionales, que facilitan un sistema energético más eficiente a la vez que distribuido y más democrático. Pero esto no es suficiente; es necesario adoptar medidas contundentes de ahorro energético, que sumen sus efectos a los que ya se empiezan a alcanzar con las energías renovables. Lo primero es optimizar (reducir al máximo) el uso de la energía y luego emplear las más limpias.
El interés mutuo demostrado por empresarios y por el gobierno andaluz se ve reflejado en los resultados de los programas de incentivos energéticos. Las actuaciones en ahorro energético incentivadas en el sector industrial en el período 2006-2007 han conseguido inducir un potencial ahorro de energía primaria cifrado en unos 200.000 tep/año y, además, ha sido posible diversificar derivados de petróleo por gas natural en una cantidad de 23.000 tep/año.
Un primer paso para poder llevar a cabo estas actuaciones es la detección de la situación actual y de las necesidades de mejora energética de las industrias mediante la realización de auditorías y diagnósticos energéticos. Conscientes, por tanto, de la importancia de este tipo de actuaciones, han sido incentivadas en estos años un considerable número de auditorías en centros industriales.
Otra cuestión básica es la adopción de medidas correctoras desde el momento de la implantación de la actividad industrial. Por ello, la Ley 2/2007 de Fomento de las Energías Renovables y del Ahorro y la Eficiencia Energética contempla que todos los nuevos centros industriales, a partir de un cierto nivel de consumo, deberán disponer de un certificado de eficiencia energética que acredite el cumplimiento de los requisitos energéticos incluidos en la Ley.
De esta forma, Andalucía se dota de una normativa muy avanzada en materia energética abordando, de una manera directa y valiente, una política de eficiencia energética y energías renovables como base de actuación para alcanzar un nuevo modelo energético, que debe animar al desarrollo de otros muchos proyectos empresariales en estos sectores.

Fuente:

Elideal.es

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