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La revolución verde entra en casa

04/01/2009


Dentro de poco entrará en vigor la nueva ordenanza de eficiencia energética que obligará a las nuevas viviendas y a las que se rehabiliten a consumir menos y mejor energía.

La lucha contra el cambio climático va a dar una importante vuelta de tuerca dentro de unas semanas en San Sebastián. Reciclar los residuos, olvidarse del coche, o pedalear para encender las luces navideñas ya no va a ser suficiente. El Ayuntamiento ha aprobado una Ordenanza de Eficiencia Energética y Calidad Ambiental de los Edificios más restrictiva que las leyes generales, que obligará a construir o rehabilitar las viviendas teniendo muy en cuenta parámetros de sostenibilidad: consumir la mínima energía y evitar que esta se malgaste. La nueva norma ha puesto de uñas a arquitectos y aparejadores, que la juzgan precipitada ya que llega sólo dos años después que entre en vigor el Código Técnico de Edificación (CTE), que ha empezado a revolucionar las formas de construir y que aún está en fase de consolidación.

El consumo energético residencial genera el 33% de los gases de efecto invernadero de toda la ciudad, según estimaciones del inventario local de emisiones de CO2. En los últimos años se ha realizado un importante esfuerzo por sustituir en la ciudad los derivados del petróleo como combustible para calefacciones (27,2%) por gas natural (72,8%). Ahora se trata de dar unos cuantos pasos más. El concejal de medio Ambiente, Denis Itxaso, lo resume así: «Queremos que las edificaciones respondan a criterios mucho más lógicos, que no despilfarren energía por no disponer de los cerramientos adecuados, que puedan autoabastecerse de energía para el agua caliente sanitaria y calefacción con placas solares térmicas ubicadas en cubierta, que dispongan de huecos suficientes en la cocina para facilitar la clasificación de residuos, que consuman menos agua a través de dispositivos ahorradores, que los usuarios se obliguen a mantener en adecuadas condiciones de mantenimiento las placas solares para su más eficiente rendimiento y, sobre todo, que las rehabilitaciones de edificios no pierdan de vista la mejora de su eficiencia energética y no perdamos más oportunidades de hacer de nuestros edificios más antiguos unos inmuebles más inteligentes que piensen en el futuro».

La ordenanza ya ha sido aprobada inicialmente en el Pleno, ahora está en la fase de alegaciones y se prevé que en enero o febrero se apruebe definitivamente. La nueva norma afectará a la construcción, rehabilitación o cambio de uso de todo tipo de edificios, privados o públicos, aunque será más exigente con las nuevas construcciones que con las antiguas y, dentro de las segundas, con las que se reformen más de 1.000 m2 y se cambien al menos el 25% de sus cierres exteriores que con los que no lleguen a estos niveles. Los anexos de la norma explicitan cuáles son los umbrales de aislamiento mínimo que deberán tener los cierres de los edificios (fachadas, cubiertas y ventanas). Si bien la norma no incide en aspectos de diseño y de arquitectura bioclimática regulados por el CTE sí exige unos niveles de transmitancia -resistencia térmica de los cierres- un 5% más restrictivos que el Código. La ordenanza obligará a las comunidades de vecinos a acometer la rehabilitación energética de al menos la fachada norte en las reformas de edificios de viviendas.

La nueva norma es más exigente que el CTE en los rendimientos de las instalaciones térmicas ya que requerirá que el sistema de placas solares llegue a calentar el 40% (no el 30%) del agua caliente sanitaria que necesite el edificio. Igualmente amplía los casos en los que se deberá instalar placas solares para la producción de electricidad considerando superficies mínimas de la cubierta y no sólo los m2 totales construidos.

Cómputo individualizado
La ordenanza obligará a centralizar las calderas, con control y cómputo individualizado, y exigirá preinstalación de telegestión para calefacción y agua caliente sanitaria en los edificios nuevos de más de 25 viviendas. Una de las novedades más importantes que introduce es la exigencia en el proyecto y con el edificio terminado de un certificado de eficiencia energética del edificio, que expresa el consumo estimado de energía primaria del inmueble y las emisiones de CO2 correspondientes a ese consumo. Estos datos ofrecerán una calificación o nivel de eficiencia energética -expresado con letras: la A es la más eficiente y la G la menos-. La ordenanza es un peldaño más exigente que el Código Técnico ya que demandará que todos los edificios de promoción privada tengan la etiqueta C y los de promoción pública la B, un peldaño más que lo que hoy exige la normativa.

Pero los requerimientos no acaban ahí: todas las cisternas y grifos deberán incorporar mecanismos economizadores, y se exigirá en las viviendas de edificios nuevos y reformados cinco espacios en la cocina para otras tantas fracciones de residuos.

Este año el Ayuntamiento pondrá en marcha en el Centro de Recursos Medioambientales de Cristina Enea una oficina de información para asesorar en materia técnica y administrativa a todas las comunidades de vecinos sobre cómo poner al día en términos de eficiencia energética sus edificios.

La directora de Medio Ambiente, arquitecta y redactora de la eco-ordenanza, Victoria Iglesias, opina que este momento de crisis inmobiliaria y económica «es el mejor para impulsar esta norma, porque servirá para ayudar a cambiar el modelo constructivo y energético». En su opinión, los costes económicos aparejados al cumplimiento de la ordenanza «serán mínimos».
«Poner cisternas de doble descarga, introducir doble vidrio o cámara de aire en las ventanas, o colocar una capa mayor de aislamiento en la reforma de la cubierta» no van a ser inversiones imposibles para ninguna comunidad de vecinos. Son unos gastos que «se amortizan en 10 ó 15 años y que a la larga van a suponer un ahorro en la factura energética».

Alegación

No lo ven así la delegación guipuzcoana del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro, el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Gipuzkoa, la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, y la Escuela Universitaria Politécnica de San Sebastián, cuyos responsables máximos han firmado una alegación contra la aprobación de la ordenanza que es una auténtica enmienda a la totalidad. En su opinión, la ordenanza sólo va a traer «más confusión y perplejidad», pues entra en vigor poco después de la aprobación del Código Técnico de Edificación, un documento que «ha supuesto la mayor y más radical modificación normativa técnica en el mundo de la construcción a nivel europeo de las últimas décadas». Estos colectivos e instituciones consideran que la eco-ordenanza es «mucho más exigente que el CTE» y añaden que «un cambio tan radical en nuestro entorno no se puede producir de la noche a la mañana». Abogan por dar «pasos firmes pero pausados» en materia de eficiencia energética, «sin tratar de pasar de la nada al todo de forma obligada y en muy poco tiempo, en un tema que en otros países han tardado años de esfuerzo real en empezar a conseguirse».
Consideran que, como alternativa, la administración local podría subvencionar o incentivar económicamente aquellas actuaciones que, de forma voluntaria, superen los valores mínimos establecidos en la normativa general. Y preguntan de forma implícita al Ayuntamiento si sabe cómo controlará el cumplimiento de lo que ahora aprueba, porque hay ejemplos de ambiciosas normativas que se han quedado en el tintero por este motivo. Citan los casos del «aplazamiento a última hora de la entrada en vigor de la nueva normativa de protección frente al ruido», o «el frustrante recorrido de la normativa para la Inspección Técnica de Edificios, recogido en la ley Vasca del Suelo, cuyo decreto de desarrollo no acaba de nacer «por los evidentes problemas de gestión y control que se están planteando desde los propios ayuntamientos».

Fuente:

Diario Vasco

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