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Obama lanza la economía de la energía

27/01/2009


El presidente de Estados Unidos anuncia ambiciosas metas de ahorro de carburante y un nuevo liderazgo contra el cambio climático.
El presidente Barack Obama anunció ayer los primeros pasos para la creación de "una nueva economía de la energía" con dos objetivos simultáneos: la generación de un nuevo motor económico que impulse el empleo y el crecimiento, y la promoción de una cultura medioambientalista que sitúe a Estados Unidos en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático. En la senda de todo lo que Obama ha hecho desde que llegó a la Casa Blanca, hace hoy una semana, esto supone una fuerte ruptura con la política de la anterior Administración y, si no queda en meros propósitos, puede abrir una nueva época en la manera en que el mundo se enfrenta a la dependencia energética y las amenazas ecológicas.


"Por el bien de nuestra seguridad, de nuestra economía y de nuestro planeta, tenemos que tener el coraje de comprometernos a cambiar", declaró Obama al firmar varias órdenes ejecutivas (decretos) destinadas a reducir las emisiones de gases contaminantes, rebajar el consumo de combustible de los automóviles y aumentar la eficiencia energética en todos los ámbitos posibles.

"La política de mi Administración estará destinada a revertir nuestra dependencia del petróleo extranjero -actualmente, más de la mitad del que consume este país- mediante la construcción de una nueva economía de la energía que creará millones de puestos de trabajo", aseguró el presidente estadounidense.

Al mismo tiempo, Obama prometió trabajar para la formación de "una nueva coalición climática" en el mundo para abordar los peligros ecológicos que amenazan a la Tierra. "Estamos dispuestos a actuar, y estamos dispuestos a que otros países, como China o India, actúen en la misma dirección", aseguró. Ni Estados Unidos ni los dos colosos asiáticos ratificaron en su día el Tratado de Kioto. Hasta hace pocos meses, la Administración norteamericana incluso ponía en duda los pronósticos científicos sobre el acelerado deterioro del medio ambiente. "Nosotros no vamos a negar los hechos, sino que vamos a guiarnos por ellos", declaró el nuevo presidente.

El ambicioso proyecto presentado ayer en la Casa Blanca incluye algunas áreas de actuación urgente. Obama anunció la entrada en vigor de nuevas normas de eficiencia energética que la industria del automóvil tendrá que incluir en sus modelos de 2011, es decir, inmediatamente. Esas normas pretenden la reducción hasta las 35 millas por galón (14,88 kilómetros por litro, o 6,7 litros por 100 kilómetros) del consumo máximo de gasolina que puede tener un coche. Eso supone una rebaja drástica respecto al límite actual -27,5 millas por galón (11,69 kilómetros por litro o 8,7 litros por 100 kilómetros)-, y obliga a una considerable transformación a un sector que se encuentra ya en condiciones precarias.

Obama anticipó que el Gobierno colaborará con la industria automovilística a dar ese salto. "No queremos perjudicar más a los castigados productores, queremos ayudar a la industria a prepararse para el futuro", aseguró.

Francamente, la industria lo va a necesitar, porque la presión no viene sólo de esa orden sino de otro decreto firmado ayer por el nuevo presidente, que da luz verde a la aplicación de las mucho más duras normas de mejora ecológica que quiere imponer California.

Según el proyecto de ese Estado, que, probablemente, pronto va a ser una realidad, el consumo máximo de los coches tendrá que ser de 36,8 millas por galón (15,64 kilómetros por litro). Cuando California, donde se venden aproximadamente la mitad de todos los coches del país, propuso esas medidas, la industria advirtió que eso supondría el cierre de miles de concesionarios y la ruina del sector.

La propuesta californiana, a la que pueden sumarse todos los Estados que quieran como si se tratara de una ley federal -al menos 13 ya han anunciado que lo harán-, requería, sin embargo, la autorización previa del Gobierno de Washington, que nunca la dio. Ayer, Obama transmitió instrucciones a la Agencia de Protección del Medio Ambiente para que reconsidere su posición anterior, lo que, aunque no supone una autorización inmediata de la iniciativa californiana, permite dar por hecho que ésta se producirá en un corto plazo.

Se trata de un paso gigantesco. Para calibrarlo, basta recordar que en 2007 el Congreso aprobó lo que entonces parecía una revolucionaria reforma ecológica que fijaba el objetivo de los 14,88 kilómetros por litro para 2020. La ley no fue sucedida por ninguna medida por parte del Ejecutivo para su cumplimiento.

Ahora, eso que parecía tan ambicioso hace sólo dos años tendrá que cumplirse nueve años antes y, aún así, puede verse inmediatamente sobrepasado por las más draconianas propuestas de California, con lo que los productores de automóviles se ven obligados a poner en los escaparates el coche del futuro ya.

Frente al escepticismo de quienes ven en esto más un sueño que un verdadero plan de desarrollo, Obama quiere convertir el sector de la energía, desde el punto de vista económico, en algo parecido a lo que el lanzamiento de las nuevas tecnologías de comunicación dio lugar a finales del siglo pasado, otra "nueva economía". Y, desde el punto de vista político, en un gran instrumento para recuperar autoridad internacional y capacidad de presión en Oriente Próximo, principal fuente del petróleo.

No es casual que, ayer mismo, la nueva secretaria de Estado, Hillary Clinton, anunciase el nombramiento de Todd Stern como enviado especial de su Departamento para los asuntos del medio ambiente. Stern fue el negociador estadounidense durante la mayor parte del proceso de Kioto.

El sueño de la independencia energética es antiguo. Richard Nixon ya se marcó esa meta. Pero la crisis actual y el nuevo panorama internacional hacen ahora ese objetivo más acuciante. "Año tras año, década tras década", recordó ayer Obama, "hemos preferido la demora a las acciones decisivas. La rígida ideología se ha impuesto a la ciencia. Los intereses particulares se han impuesto al sentido común. La retórica no nos ha conducido al trabajo duro que se requiere para obtener resultados".

Pese a toda la buena voluntad, mucha de esa ideología e intereses particulares subsisten hoy. El presidente lo va a comprobar hoy mismo cuando acuda al Congreso, que ayer se disponía a darle a Obama la buena noticia de la confirmación de su secretario del Tesoro, Tim Geithner, pero que mañana empezará a levantarle obstáculos en esta hermosa autopista hacia la revolución energética.

Fuente:

El Pais

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