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La terminal «verde» de El Prat

15/02/2009


La ampliación del principal aeropuerto de Cataluña cuenta con 696 placas fotovoltaicas y una docena de colectores solares térmicos que calentarán el 70 por ciento del agua sanitaria utilizada en el nuevo edificio.

Será el próximo verano cuando aviones, pasajeros y maletas «invadan» la nueva terminal del aeropuerto barcelonés de El Prat. El ajetreo, las carreras por encontrar el mostrador adecuado y las prisas por embarcar harán que la mayoría de viajeros no repare en los valores sostenibles de una obra de tal repercusión.

Y no es para menos, ya que la construcción de la Terminal Sur, rebautizada como la T1, tiene unas dimensiones faraónicas. Unas mil personas han trabajado en su edificación, que tendrá 525.500 metros cuadrados –una superficie equivalente a unos 82 campos de fútbol y cuatro veces superior a las tres terminales actuales– y una capacidad para unos 55 millones de pasajeros al año –el aeropuerto de El Prat registró poco más de 30 millones de viajeros en 2008. Sin embargo, aunque no pueda observarse a simple vista, la ampliación del aeródromo catalán ha logrado aunar desarrollo económico y protección medioambiental.

El primer punto para considerar la futura T1 como un proyecto con visos de sostenibilidad se debe a la apuesta por las fuentes renovables. En concreto, la nueva terminal cuenta con la instalación de 696 placas fotovoltaicas, lo que se traduce en 4.000 metros cuadrados de paneles solares. Pero eso no es todo, ya que también dispondrá de una docena de colectores solares térmicos que calentarán el 70 por ciento del agua sanitaria utilizada en el futuro edificio.

«El compromiso de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA) con el entorno es contundente, pues, desde el primer momento, la construcción de estas nuevas infraestructuras se ha basado en directrices respetuosas con el medio ambiente. La utilización de energías alternativas, como la solar, es un claro ejemplo de lo que para nosotros es un edificio más sostenible», aclara Pilar Montalvo, jefa del Departamento de Medio Ambiente de AENA en Barcelona.

«En comparación con las dimensiones que se le suponen a una infraestructura aeroportuaria de este tipo, la utilización de la energía solar podría ser mucho mayor. En cualquier caso, se trata de una magnífica iniciativa que esperamos sirva de ejemplo para muchas otras construcciones», reconoce Tomás Díaz, portavoz de la Asociación de la Industria Fotovoltaica (ASIF).

Actualmente, El Prat dispone de una central eléctrica propia capaz de abastecer de energía a todo el aeródromo mediante subestaciones distribuidas por el aeropuerto. Sin embargo, el crecimiento de viajeros que se espera en los próximos años ha obligado a AENA a ampliar las instalaciones actuales. En este sentido, la T1 contará con dos nuevas líneas de 220.000 voltios con capacidad para conducir 30 megavatios.

Sin embargo, tal y como reconoce Montalvo, «teniendo en cuenta que el consumo de energía del aeropuerto supera los 70 millones de kilowatios al año, lo más razonable es tomar medidas de optimización orientadas a aumentar la eficiencia energética». Ejemplo de ello es el uso óptimo de la luz. Así, tanto en las oficinas como en la terminal y en las pasarelas, la iluminación estará regulada automáticamente mediante un sistema inteligente denominado Dali, capaz de lograr un ahorro energético del 40 por ciento al año. «A esto se suma la utilización de tubos fluorescentes del modelo T5, que consumen un 28 por ciento menos que los T8 usados hasta el momento», añade la jefa del Departamento de Medio Ambiente.

Instalaciones eficientes

Para el ahorro energético en climatización se ha optado por la concentración de equipos de producción de frío y calor, optimizando así el funcionamiento global del sistema. Además, en las instalaciones de aire acondicionado se ha implementado el sistema economizador «free-cooling» de aire exterior, que disminuye el uso de los equipos cuando las condiciones exteriores son favorables, lo que se traduce en un ahorro energético cercano al 30 por ciento.

Cuando el viajero entre en los baños de la nueva terminal podrá realizar un consumo responsable del agua, ya que los grifos estarán dotados de aireadores y paros voluntarios que ahorrarán hasta un 15 por ciento de líquido elemento.

Y, ¿qué hay de los ruidos? Parece difícil imaginar un aeropuerto en el que el estruendo provocado por los aviones y sus vehículos de apoyo no cause ningún trastorno en el entorno del aeródromo. Para que el impacto sea el menor posible, en 2002 se creó una Comisión de Seguimiento Ambiental de las Obras del Plan Barcelona, que cuenta con un Grupo de Trabajo Técnico de Ruido, cuyo objetivo es estudiar y proponer medidas de mejora y reducción de la afección acústica. «Entre las decisiones que se han tomado está el cambio de rol de pistas. Gracias a esta resolución, la tercera pista es ahora de salida, mientras que la principal es de llegadas. Así, los aviones despegan haciendo un viraje hacia el mar, lo que se traduce en una disminución del impacto acústico que afecta a los municipios colindantes», explica Montalvo. Actualmente, tal y como anunció el pasado mes de enero Juan Manuel Hesse, director de AENA, se está discutiendo la posible eliminación de los aviones más ruidosos en El Prat. Se trata de cerca del cinco por ciento de las aeronaves que utilizan este aeropuerto y que, a pesar de estar dentro de los márgenes que establece la ley para volar, se encuentra bordeando el límite de la legalidad en materia de ruido.

La ejecución de un plan de aislamiento acústico y la disponibilidad de un sistema de monitorización de ruidos y sendas de vuelo son otras de las medidas tomadas por la Comisión en favor de una disminución del impacto acústico. En el caso de El Prat, el sistema de información de ruidos consta de un procesador central que recoge y analiza los datos del radar y de los planes de vuelo, mientras que los terminales de medición de decibelios analizan continuamente las señales sonoras para identificar su procedencia. Para que todos estos datos estén disponibles a los ciudadanos, se ha acordado la inclusión de referencias acústicas del aeródromo en la página web de AENA.

El reciclaje tampoco se ha pasado por alto en la T1, ya que dispone de un sistema de recogida neumática para cuatro tipos de residuos: papel, latas, vidrio y materia orgánica. Además, la terminal contará con plantas separadoras para los vertidos, que se sumarán a la gestión de desechos realizada actualmente en el aeropuerto.


Protección del Delta del Llobregat

El aeródromo dispone de un servicio de control de fauna basado en el uso de rapaces que ahuyentan al resto de aves de la zona

«AENA plantea la construcción de la T1 como una demostración más de su compromiso de integración territorial, ya que incluye la recuperación de zonas para la flora y fauna del Delta del Llobretat. El objetivo es que el balance final de la obra sea positivo para el medio ambiente», aclara Pilar Montalvo.Y es que, el aeropuerto de El Prat está ubicado en el entorno de los espacios naturales de Ricarda Ca-l’Arana y el Remolar-Filipines. Por ello, el aeródromo dispone de un servicio de vigilancia de fauna basado en el uso de rapaces que controlan las poblaciones del resto de aves de forma natural, manteniéndolas alejadas del recinto aeroportuario. Junto a su eficacia en cuestiones de seguridad, este sistema tiene la ventaja de que no altera el ecosistema existente en los alrededores del aeropuerto.

Fuente:

La Razon

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