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Energías renovables, primas y déficit tarifario

27/11/2012


Alguno de los aspectos que se van a tratar en este artículo son de sobra conocidos por los lectores de Energías Renovables. Sin embargo, no me resisto a incluirlos ante la posibilidad de que sean conocidos en otros ámbitos, sobre todo aquellos que una y otra vez, a colación de lo que sea, hacen a las energías renovables culpables de casi todo, incluso de la crisis que padecemos. Miguel A. González Hernández*, doctor ingeniero aeronáutico y profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, plantea en este artículo las bases de un posible acuerdo.

Con la nueva ley que pretende reordenar el sector de la energía, siempre a vueltas con el déficit tarifario y sobre el uso y coste de las energías renovables, con abierto enfrentamiento entre dos ministros del actual gobierno, en primer lugar voy a hacer uso de la calculadora, no tanto para alumbrar un poco el asunto, como para tener datos sobre los que extraer conclusiones, luego entraré en una serie de consideraciones, que podrían servir para intentar ese lugar de encuentro necesario entre el gobierno, y yo diría incluso la sociedad española, y los productores de energías renovables.

Renovables vs fósiles
El título de este apartado es intencionadamente ambiguo, ya que permite identificar al conjunto de energías provenientes de combustibles fósiles tanto por su origen, como por su carácter antiguo y que debe ser superado. La complejidad del sistema eléctrico español es considerable, pero al menos desde fuera, tratando de simplificar, parece que la energía proveniente de las centrales nucleares e hidráulicas proporcionan al sistema una energía fija; las primeras dependiendo de su potencia y las segundas de la disponibilidad de agua embalsada. El resto de la demanda se cubre, de acuerdo con la normativa actual, prioritariamente con renovables, completándose las necesidades con las de origen térmico: gas, fuel y carbón.

Por tanto, cada unidad de energía que suministren las renovables no será necesario producirla con una térmica, por lo que, en lo que a costes se refiere, la comparación se debe hacer exclusivamente entre ambas. De acuerdo con datos publicados recientemente, el precio del gasoil sin impuestos es de unos 0,90 €/litro, por lo que voy a partir de este dato para hacer esa comparativa.

Conviene recalcar que ese es un precio de mercado, razonable si tenemos en cuenta que un barril de crudo, 156 litros, está costando alrededor de 105,00 €, lo que supone 0,67 €/litro; si tenemos en cuenta los costes de transporte y refino y los beneficios, lógicos beneficios, de las empresas involucradas en los procesos, es fácil intuir que si alguien se jacta de obtener gasoil por debajo de los 0,90 €/litro, es porque se lo están subvencionando.

Teniendo en cuenta la densidad media del gasoil, unos 850 kg/m3, el coste del kilogramo de gasoil es 1,06 €. La capacidad calorífica de ese combustible es de unas 10,8 termias por kilogramo, por lo que cada termia producida por la combustión del gasoil tiene un coste de 0,10 €.

El rendimiento de los sistemas de transformación de la energía química del gasoil en energía eléctrica está en el orden del 0,45 y teniendo en cuenta la relación entre la termia y el kilovatio hora (kWh), resulta que se gastan 0,192 € de gasoil en producir 1 kWh de electricidad.

Los números que siguen no los conozco con exactitud, pero mi intuición me dice que el impacto del combustible no supera el 70% del coste final de la electricidad, ya que con el 30% restante debemos cubrir las amortizaciones, mantenimiento y beneficios del sistema. Por tanto, el coste real de la energía producida con gasoil estaría en el entorno de 0,274 €/kWh, quedando claro que cualquier energía de origen renovable, no contaminante por tanto, que se produzca por debajo de ese precio debe ser potenciada.

De acuerdo con la convocatoria para 2012, la retribución de la energía solar fotovoltaica, dependiendo de la tipología de la instalación, se movería entre 0,122 y 0,266 €/kWh, por tanto siempre menor que el coste “real” de la térmica de gasoil. Si la comparativa la hacemos con la eólica, resulta más concluyente aun, ya que la retribución de esta energía se sitúa en la banda de 0,079 hasta 0,094 €/kWh.

Hay otro argumento que se pretende utilizar también en contra de estas energías, al referirse al grado de “nacionalización” de la construcción de la instalación productora de energía. Por lo que se refiere a la energía eólica, no debemos perder mucho tiempo en demostrar el carácter “nacional” de una tecnología en la que se es líder mundial, siendo España un exportador neto de estos sistemas de producción de energía, empleando fundamentalmente tecnologías propias.

En el caso de la energía solar hay que matizar más, ya que es cierto que se compran las células fotovoltaicas al exterior, pero su coste es, aproximadamente, un 25% del total de la inversión, por lo que el 75% restante es valor añadido en nuestro país; desde la producción de los módulos, hasta el montaje completo de la instalación, con una importante generación de puestos de trabajo.

En conclusión, la producción de energía eléctrica mediante las tecnologías solar fotovoltaica y eólica contribuye a una reducción importante de los costes de producción, y por tanto a la reducción del déficit tarifario, y a una nacionalización de los recursos empleados, lo que tendría un impacto muy positivo en nuestra balanza de pagos.

Las primas de las instalaciones fotovoltaicas de primera generación
Las primas que se abonan en la actualidad a las plantas fotovoltaicas de primera generación están en el entorno de los 0,48 € por kWh, lo que supone aproximadamente un extra coste de 0,21 € por Kwh. con respecto a las de origen fósil; pero también aquí conviene emplear la calculadora para ver el impacto que éstas pueden tener, más allá del déficit tarifario, en el déficit global del estado, para lo cual, habrá que tener en cuenta los ingresos que, vía impuestos, éste obtiene de esa actividad.

Como quiera que se trata de un análisis sin una gran precisión, vamos a partir de datos actuales, sin aplicar a éstos ningún tipo de variación debida a la inflación u otro factor. También vamos a partir del hecho de que el Estado Español recauda aproximadamente un 40% del conjunto de la producción del país, vía impuestos tanto directos como indirectos, y no hay porque pensar que sea distinto para el valor económico de la producción de energías renovables.

Tomando como referencia una instalación de 100 kW, 1.650 horas de sol equivalente y una vida de las instalaciones de 25 años, el coste extraordinario (el plus sobre las energías de origen fósil) de esta instalación para el erario público será de 866.250 €, cantidad a todas luces muy grande, pero que hay que comparar con lo que podrá recaudar el estado por la misma.

Por una parte, la instalación costó en su día del orden de 600.000 €, mientras el valor de la producción será de 1.980.000 €. Por tanto, en números redondos, el monto puesto en movimiento por esa actividad económica es de 2.580.000 €. Teniendo en cuenta el nivel impositivo que hemos mencionado, esa actividad habrá producido al estado ingresos por valor de 1.032.000 €.

Además de esto, la mencionada instalación habrá producido 4.125.000 kWh, que habrían obligado a importar 5.640 barriles de petróleo, con un valor económico de unos 592.000 €. Por tanto, el Estado habrá recaudado más de lo que pone y se habrá ahorrado casi 600.000 € en divisas. Para ser más precisos, como para la fabricación en España de los módulos se habrían importado las células, el ahorro en divisas quedaría en unos 400.000 €, una cantidad considerable en cualquier caso. Estas cifras demuestran que, incluso esas instalaciones, que ahora parecen tan costosas, habrán sido un buen negocio para el país.

Aparte de estos datos, conviene recordar que en el periodo en que se hicieron esas instalaciones, y gracias a su impulso, España se convirtió en un exportador neto de módulos fotovoltaicos, como ya ocurriera con los aerogeneradores, por lo que el beneficio para el país fue aun mayor. Otra cosa es que la errática y, en mi opinión, errónea política seguida en los últimos años no haya permitido aprovechar ese impulso, porque las responsabilidades de eso hay que buscarlas en otros ámbitos.

La fotovoltaica puede y debe hacer sacrificios
Así de claro quiero titular este apartado, para que no haya dudas sobre mi posición. Es evidente que la fuerza que ha tomado esta discusión sobre las primas a las renovables, y a la fotovoltaica en particular, está en buena medida motivada por la actual crisis económica, por lo que no se puede obviar este contexto para fijar una posición.

Si nos fijamos en la evolución del Euribor, vemos que éste alcanzó un máximo relativo en 2007, situándose en el entorno del 4,5% y hoy en día está en el 0,7%, lo que supone una bajada de casi el 4,0%. En esta tesitura es fácil concluir, que el ahorro en la financiación de la inversión realizada en una instalación de 100 kWp se sitúa en el entorno de los 10.000 € al año, y no considero justo, que en la actual situación, ese dinero pase a engrosar los beneficios de los inversores fotovoltaicos.

Por tanto ese “sacrificio” que se debe exigir al sector se sitúa en el entorno del 12,5% del valor de la producción. Digo que se debe exigir, porque habida cuenta de la reducción de los costes de financiación, en estas condiciones se mantendrían las expectativas iniciales de rendimiento económico de la inversión, que siempre se han considerado razonables. En otro caso, es evidente que la acusación de beneficios elevados está más que justificada.

El acuerdo es posible
Los números que se han presentado aquí muestran que, si se abandonan las falacias, hay un amplio margen para el acuerdo entre la administración y los sectores afectados. Por lo que se refiere a los productores de energías renovables, deben de estar abiertos a que se recalculen sus costes, los financieros en particular, y a partir de ahí y de la fijación de lo que se considera un rendimiento razonable de la inversión, se fijen nuevas primas.

La administración y las eléctricas tradicionales deberían de dejar de calcular el coste de la energía eléctrica producida a partir de combustibles fósiles con el precio subvencionado de esos combustibles. Eso es algo que no se sostiene por ninguna parte y permitiría, por ejemplo, lanzar un potente plan de energías renovables para las islas y otras áreas de consumo desconectadas de las fuentes de producción más económicas.

Por lo que se refiere al exceso de capacidad instalada, cabe decir que ya basta de culpar de eso a las renovables. Todos sabemos que esas instalaciones se planificaron para atender la demanda que se derivaría de un crecimiento continuado de la economía del 4,0%, de un millón de nuevas viviendas, urbanizaciones, campos de deportes, centros de ocio, etc que no han llegado a construirse, y que de eso en nada es culpable el sector de las energías renovables. Y claro está, aquí el sacrificio lo tienen que hacer quienes cometieron el error de estimación, que son las productoras tradicionales, eso debería de estar muy claro también.

Llegado este punto, y para terminar, quiero hacer dos propuestas, una a cada parte, como base para iniciar una negociación que pueda concluir en un futuro de certidumbres:

Reducción de las primas de las instalaciones fotovoltaicas de primera y segunda generación, aquellas que está por encima de los 0,27 €/kWh, entre un 12 y un 15%. Con objeto de facilitar el acuerdo, esta reducción debería tener efectos retroactivos y sustituir la disposición transitoria de la última ley reguladora, relativa a la limitación de las 1.250 horas.

Sobre estas bases y los sucesivos ajustes de prima que se han hecho como consecuencia de la reducción de costes de inversión, fijar un marco estable y seguro, que permita el relanzamiento de las inversiones, con la consiguiente generación de puestos de trabajo, de lo que estamos tan necesitados.

http://www.energias-renovables.com/articulo/energias-renovables-primas-y-deficit-tarifario-20121127 /

Fuente:

Energías Renovables

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