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La gasolinera en un enchufe

24/03/2009


En Silicon Valley se fabrica un coche deportivo totalmente eléctrico que ya circula por las carreteras | Empresas como Tesla Motors están en la vanguardia de la revolución verde | El vehículo capta su energía de casi 7.000 baterías como las de ordenador portátil

Es una extraña sensación girar la llave de contacto, pisar el acelerador y salir disparado a la velocidad de un Ferrari. De cero a cien kilómetros por hora en 3,9 segundos... pero sin la vibración de un motor de gasolina ni cambio de marchas ni emisión de gases. Quien firma esta crónica pudo conducir el Tesla Roadster por Menlo Park (California). Es un vehículo pionero, totalmente eléctrico, la última frontera de la industria del automóvil. Hasta detenerse en los semáforos es un placer. Con sólo levantar el pie de acelerador, se accionan los frenos regenerativos. En un tramo muy corto, la velocidad baja a 5 kilómetros por hora, mientras se recarga simultáneamente la batería.

No estamos en Detroit sino en Silicon Valley, al sur de San Francisco, centro neurálgico de la alta tecnología en Estados Unidos. Aquí tienen su sede compañías como Apple, Hewlett Packard, Google, Yahoo, Oracle y eBay, entre otras. Es un escenario ideal para la anhelada transición de la gasolina a los electrones, para la revolución verde que predica el presidente Barack Obama como una de las vías para superar la recesión.

Tesla Motors hace el montaje final de sus vehículos de manera casi artesanal, en una instalación muy pequeña que se parece más a un taller familiar que a un fabricante de coches. El suelo está pintado de blanco, para resaltar que aquí no hay vertido de carburante o aceite. Uno se imagina los inicios de Henry Ford, pero en versión siglo XXI. De hecho - ironías de la economía-el edificio que ocupa Tesla Motors albergaba antes a un concesionario de Chevrolet (General Motors) que se arruinó.

Del Tesla Roadster se han producido ya unas 250 unidades. El actual ritmo de fabricación es de unos 20 vehículos a la semana. Están todos vendidos hasta octubre, a pesar de que el precio de su versión básica es de 109.000 dólares en EE. UU. y 99.000 euros - extras incluidos-en Europa.

Los responsables de Tesla Motors están convencidos de que esta compañía nunca hubiera podido ser fundada o sobrevivir en otro lugar del país o del mundo que Silicon Valley. "El ADN de esta empresa es su énfasis en la ingeniería - explica la portavoz, Rachel Konrad, ex periodista del motor en Detroit-.La universidad de Stanford está a cinco minutos a pie. Google, Apple, eBay, todas esas compañías americanas que son iconos tecnológicos, tienen su base aquí. Nosotros las usamos como reserva de talento para encontrar empleados. Tenemos diseñadores industriales que vienen de Apple, programadores de software de Google. Somos únicos porque hay mucha gente diferente estudiando los problemas, no sólo procedentes de la industria del automóvil".

La ventaja de una empresa pequeña como Tesla Motors, con sólo 330 empleados, es que puede permitirse el lujo de producir para un segmento minúsculo del mercado y aspirar a ser rentable. Gigantes como General Motors, Toyota o Daimler, que producen centenares de miles o millones de vehículos al año, deben hacer cálculos distintos. Hoy por hoy, los coches eléctricos son tan caros de diseñar y producir que no resultan rentables para un mercado masivo.

El Tesla Roadster, al ser un deportivo, puede venderse a un precio muy alto que permite absorber el coste de la batería (unos 30.000 dólares). La filosofía es la misma que cuando se introdujeron otros avances como el teléfono móvil, que al principio tenían precios prohibitivos pero luego se abarataron y llegaron al gran público. Tesla Motors ya piensa en ese segundo paso. Este jueves presentará en Los Ángelesel modelo S, una berlina para uso familiar que costará la mitad que el Roadster y empezará a fabricarse a finales del 2011.

Tesla Motors trabaja en cooperación con otra pequeña firma automovilística, la británica Lotus, responsable del chasis. Los paneles de la carrocería - de fibra de carbono-proceden de Francia; las células de la batería, de Japón.

El secreto de Tesla está, obviamente, en la batería, que pesa unos 450 kilos. En lugar de crear una batería nueva, se utiliza un producto de fiabilidad ya probada: las baterías de iones de litio que se usan en los ordenadores portátiles. El Roadster está propulsado por el equivalente a casi 7.000 baterías de ordenador. Los ingenieros de Tesla Motors han patentado el sistema de conectar esas células entre sí y de refrigerarlas para aprovechar su enorme energía agregada sin que se incendien o exploten. El resultado es que el coche puede alcanzar los 200 kilómetros por hora y tiene una autonomía de 390 kilómetros (en ciclo combinado carretera-ciudad), algo inaudito para un vehículo cien por cien eléctrico. La batería se recarga enchufando un cable a la red normal eléctrica, durante tres horas y media, a un coste mínimo comparado con la gasolina. Se estima que las baterías pueden durar 160.000 kilómetros.

En la misma instalación de Menlo Park se puede comprar los vehículos. Un gran ventanal separa la zona de venta y exposición y la de montaje. Un comprador potencial de Carolina del Norte asegura que acaba de adquirir un Porsche, pero le parece "demasiado ruidoso". El Tesla Roadster sería ideal para su segunda residencia, ubicada en una isla en la que sólo se permite circular con vehículos de golf.

El deportivo eléctrico lo han comprado ya estrellas de Hollywood como George Clooney y Matt Damon. Es el juguete que tienta a cualquier millonario caprichoso. También hay el ecologista que actúa por convicción ideológica. Es el caso de Dave Denhart, ingeniero EUSEBIO VAL de Microsoft. Desde su casa cerca de Seattle, Denhart, de 50 años, explica que no se considera consumista (ni siquiera posee una cámara digital) y que ahorra buena parte de su salario. Pero le seducía la idea de aportar su granito de arena al fin de la dependencia del petróleo. Dado el alto precio del vehículo, Dave pensó en comprarlo a medias con un amigo y compartirlo. Finalmente, tras más de dos años de espera, tanto él como su amigo tenían ya el dinero para adquirir uno cada uno. El vehículo llegó hace 21 días y Dave ya ha recorrido más de 1.600 kilómetros con él.

"Mi Tesla Roadster es un placer de conducir - confiesa-.Todavía no he logrado volver a casa al final de la jornada sin tomar la ruta más larga para disfrutar así de la experiencia durante más tiempo. No puedo dejar de subrayar la conveniencia de tener un coche eléctrico que puedas recargar en tu casa y dejar el tanque lleno cada día, sin la molestia de parar para repostar".

Usuarios como este pueden obligar a Detroit a ponerse de una vez, en sentido literal, las pilas.

Fuente:

La Vanguardia

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