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Escenario 2050, el mapa energético del futuro

03/09/2014


La electricidad es el alma del universo. Esta sencilla frase del teólogo John Wesley define perfectamente la importancia que tiene la energía para los países y la posiciona en el único escenario posible, el global. Es cierto que cada mercado energético tiene sus necesidades y marco regulatorio, pero más allá de esas particularidades, los retos que traerá el sector son comunes. Sin la tecnología adecuada no podremos hacerles frente, aunque el primer paso que hay que dar es el de identificarlos, porque serán los cimientos sobre los que se construya el sistema energético del futuro.

La energía evoluciona al mismo ritmo que lo hace la sociedad. En las últimas décadas la población ha crecido de forma considerable y lo seguirá haciendo en las próximas, lo que significa que la demanda de electricidad será mucho mayor y necesitaremos contar con más recursos energéticos. Es aquí donde aparece ese primer desafío, conseguir que sean eficientes, para garantizar la estabilidad del sistema. No sólo es necesario producir energía de forma sostenible, sino obtenerla de fuentes que también lo sean, sin olvidar el aspecto económico, el segundo reto. Contar con una matriz energética asequible es un factor competitivo fundamental para un país y su economía.

«El viento será el principal generador de energía en 2050, pero debemos ir más allá de las soluciones que utilizamos hoy»
Asimismo, un suministro seguro influirá de manera determinante en la buena marcha de cualquier país, por lo que será otro de los objetivos a perseguir. Para ello, habrá que adaptar infraestructuras y apostar por tecnología puntera. Por último y no por ello menos importante, será esencial conseguir que todo el ciclo de la energía -desde la obtención hasta la generación y distribución- sea respetuoso con el medio ambiente y contribuya a reducir las emisiones de CO2 a nivel mundial y más si tenemos en cuenta que esa mayor demanda irá vinculada a una mayor contaminación. Según datos de un estudio de Siemens y la Universidad Técnica de Munich, en 2030 el aumento de la demanda energética mundial será de hasta un 50% mayor respecto a la actual y llegará a contaminar hasta 3.500 megatoneladas más.

El escenario no puede ser más exigente y competitivo, por lo que el nuevo orden energético que establezcamos deberá ser sólido y tener en cuenta cada peculiaridad. Pero ¿con qué elementos contará? Siemens se ha adelantado y ya ha dibujado el mapa energético de los próximos 40 años. En un estudio que ha realizado señala que el viento será el principal generador de energía en 2050, pero deberemos ir más allá de los proyectos y soluciones que utilizamos hoy y que nos permiten, entre otras cosas, instalar parques eólicos en mitad del mar.

Con tecnologías tan innovadoras como las que están presentes en los conversores de electrólisis, proceso que permite separar los elementos de un compuesto a través de la electricidad, el viento podría transformarse en hidrógeno. Este preciado gas es una materia prima esencial para la industria química e incluso, puede utilizarse como combustible para vehículos, además de incrementar la eficiencia de las centrales de ciclo combinado en un 70%.

Por tanto, el viento será clave, pero necesitaremos encajar todas las piezas para concluir con éxito el puzzle energético del futuro. Las Smart Grids, también conocidas como autopistas de la energía, nos ayudarán a automatizar los recursos para facilitar su utilización, incrementar sus posibilidades de aprovechamiento y ofrecer información más precisa y en tiempo real a proveedores y consumidores. Debemos tender a un sistema eléctrico que tenga en su columna vertebral estas redes inteligentes.

La eficiencia, como hemos comentado anteriormente, será la que marque el ritmo de todos estos elementos, y habrá que garantizarla también en el consumo de hogares e industria, ámbito en el que aún nos queda mucho por hacer, pero donde ya estamos sentando las primeras bases. Las plantas industriales autosuficientes están llamadas a revolucionar el mañana, gracias a sistemas de gestión de datos que combinarán grandes cantidades de información en tiempo real a la vez que optimizan el sistema energético. Un avance muy importante, ya que estas plantas tendrán que soportar un gran número de interacciones, no sólo con otras fábricas físicas, sino también digitales.

Dibujar el mapa energético más adecuado nos llevará años, pero lo importante es que empecemos a identificar las fichas clave, a trabajar para que sea una realidad y a seguir innovando para superar con creces las expectativas y retos planteados. El futuro empieza hoy.

http://goo.gl/e7nsq9

Fuente:

EL MUNDO

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