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Alta tecnología aplicada a la empresa

09/06/2015


En España hay 36 centros de investigación que trabajan mano a mano con las empresas para desarrollar productos de tecnología avanzada. A pesar de los recortes, el modelo funciona

En 1877 Thomas Edison revolucionó la industria con uno de sus inventos: el fonógrafo, un aparato que permitía reproducir cualquier sonido y que fue el precedente del gramófono y el tocadiscos. Su bombilla incandescente también permitió abaratar el coste de la luz y que las familias sin recursos pudieran iluminar sus hogares.

En 1892 una empresa utilizó por primera vez un proceso de fabricación que permitía unir la tela y la goma. Nacían las zapatillas de deporte. Utilizando el mismo esqueleto de sus precursores, los investigadores hoy han mejorado todo estos inventos que marcaron hitos hace un siglo y que, en la era digital, parecen casi primitivos.

Los más de 1.000 inventos que patentó el empresario supusieron en su día una auténtica revolución tecnológica. Hoy las deportivas leen las pulsaciones del runner, las heridas cicatrizan gracias a tiritas sanadoras, las almohadas evitan los molestos ronquidos y, aunque parezca una contradicción, existen pitilleras que ayudan a dejar el tabaco.

La Federación de Centros Tecnológicos de España (Fedit) integra todos los institutos españoles que, desde hace años, investigan iniciativas a favor de la industria y la economía. Son semilleros de talento, el centro de operaciones de los inventores del siglo XXI, herederos de Thomas Edison. Estos centros son entidades privadas sin ánimo de lucro en las que conviven las instituciones públicas y las empresas privadas y cuya misión es ayudar a las compañías en todo lo que hace referencia a la investigación y la innovación. Estos centros sobreviven a los recortes y a la falta de financiación y, a pesar de todo, logran introducir sus invenciones en las empresas, mejorando así su competitividad y su marca internacional.

«Se están haciendo proyectos muy interesantes en nuestro país. El problema es que a veces estas iniciativas tienen poca difusión porque, debido a su complejidad, cuesta explicarlas. Necesitan una traducción para llegar a un público general. Hay cosas verdaderamente fantásticas en las que se está trabajando y que no se conocen», explica Elena Blanco, del Centro de Diseños de Equipos Industriales, uno de estos institutos de investigación y de transferencia de tecnología, ubicado en Barcelona.

Otros países como Alemania ya cuentan con una red de institutos tecnológicos similar, donde los investigadores resuelven los problemas que les plantean las empresas y les ayudan a mejorar sus procesos productivos gracias a sus equipos de investigadores y a la implementación de nuevas tecnologías.

En España hay más de una treintena de centros, que salpican toda la geografía española e innovan en todos los sectores industriales, desde el textil y el calzado, pasando por la automoción, la aeronáutica, el medio ambiente, la energía, la alimentación o la salud. Además, exportan sus servicios a Asia o América.

Desarrollan proyectos de lo más variopinto, como tiritas que sanan,zapatillas inteligentes para deportistas de élite, aviones con sistemas que permiten reducir el estrés de los pasajeros, gafas antigolpes, sábanas cicatrizantes, facturas inteligentes o chips para prolongar la vida de los edificios. «Nuestro objetivo es dar un servicio a las empresas para garantizar una gestión más eficaz del patrimonio a través de un sistema de alerta que avisa de la presencia de agentes que deterioran la madera, como las carcomas o termitas», explica Ricardo Sáiz, de Aidima, uno de los centros asociados a Fedit.

En los últimos años estos centros han logrado recuperar el apoyo perdido durante los años de crisis económica y «aunque no se puede hablar de recuperación», sí han compensado los recortes y el descenso de los ingresos por parte de la Administración estatal gracias al apoyo de las empresas privadas. En 2013 los ingresos crecieron un 5% mientras que el montante recibido por parte del sector privado experimentó un aumento del 18%. «Algunos obtienen dinero de las compañías y otros, de las ayudas europeas. Cuestan más porque son iniciativas ambiciosas», señala Blanco.

Estos proyectos no sólo mejoran la marca de las empresas, también la vida de muchas personas. Aitex, uno de los centros adscritos que aglutina a 532 investigadores, «ayuda a las empresas del sector textil a ser más competitivas e internacionales», explican. Para ello, ponen al servicio de las compañías equipamientos tecnológicos de última generación para realizar los ensayos y certificar los productos.

Este instituto trabaja en proyectos curiosos como una almohada que ayuda a rebajar la intensidad de los ronquidos hasta un 70%. Se trata de un sistema de descanso «menos costoso que otros tratamientos y que reduce el uso de fármacos», señalan. Este proyecto llevaba dos años en la incubadora porque las prisas son otro de los problemas que afrontan los investigadores. La mayoría son a largo plazo y requieren de años para poder salir a la luz y ponerse en marcha. Según Elena Blanco, los tiempos van de tres meses a dos o tres años, en el caso de los financiados por Europa. A diferencia de antes, estos inventos ya no los crea el genio en solitario, sino que requieren de un trabajo en equipo de profesionales de sectores a veces muy diferentes. Según Blanco, «se trata de una red solidaria en la que todos cooperan».

http://www.elmundo.es/economia/2015/06/07/5572e62a268e3e92298b4575.html

Fuente:

El Mundo

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