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La revolución verde será local

03/01/2010


Los alcaldes reivindican su papel en la lucha contra el cambio climático - Las ciudades pueden hacer mucho: es necesaria la cooperación intermunicipal y de los Gobiernos.

Es el tiempo de las ciudades, del piensa globalmente, actúa localmente. Porque esta conocida frase, cuya autoría no está clara, tiene una especial importancia en lo que a cambio climático se refiere. Por primera vez -desde 2008- los habitantes de entornos urbanos han superado a los rurales y para 2030 se prevé que más de cinco mil millones de personas vivan en ciudades. Por eso, la llave está en sus manos, de ellas es el reto de emprender acciones concretas y tangibles que a su vez cambien la forma de pensar y actuar de los ciudadanos. Y cada vez más lo están haciendo. La misma semana de la cumbre de Copenhague, los alcaldes de 80 ciudades vivieron su propio encuentro (organizado por el Ayuntamiento de la ciudad anfitriona, al margen de la cumbre) y España llevó en su delegación al presidente de la Red Española de Ciudades por el Clima y alcalde de Vigo, Abel Caballero. Con esta iniciativa, las ciudades han querido reivindicar su papel "imprescindible" en la búsqueda de un futuro sostenible.

La Agencia Internacional de la Energía, recogió el rotativo The Wall Street Journal, estima que el 70% de las emisiones se generan en las ciudades, que a veces se ven en dificultades para impulsar planes de recorte debido a las políticas gubernamentales o los grandes intereses económicos. En Nueva York, por ejemplo, una propuesta para disminuir el tráfico en Manhattan (al estilo de Londres, con elevadas tasas para poder circular) fue tumbada por algunos políticos. Pero, al menos, la concienciación es creciente. El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, declaró en Copenhague a la agencia Efe: "No podemos esperar a que los Gobiernos nacionales actúen primero, no pueden resolver el problema por sí mismos. Como regidores municipales tenemos una obligación de confrontar el cambio climático. No podemos huir de nuestras responsabilidades con las generaciones futuras".

En España, 285 Gobiernos locales (que representan a más de 27 millones de personas) están unidos en la Red de Ciudades por el Clima, una iniciativa que desde 2004 (creada por la Federación de Municipios y Provincias junto al Ministerio de Medio Ambiente) reúne a ciudades comprometidas con el medio ambiente para que compartan experiencias y conocimientos en un foro. El presidente de la red fue a Copenhague para mostrar algunos de los proyectos en los que se está trabajando. "Las ciudades son actores imprescindibles, ya que más de la mitad de las emisiones provienen de entornos urbanos", dice Caballero.

Cecilia Zoronda, responsable de cambio climático de la ONG Ecología y Desarrollo, cree que las ciudades están empezando a creer en la necesidad de este cambio. "Sí está creciendo la conciencia en todos los municipios, la diferencia está en cuánto de ambiciosas son. Hay muy buenas intenciones, pero el problema es la distancia que separa la foto de las acciones reales. Además de firmar acuerdos hay que actuar", insta Zoronda. La presencia de los alcaldes en Copenhague es relevante para la activista, pero advierte que "lo importante no es ir, sino lo que hagan a la vuelta". "Su representación tiene que traducirse en acción", agrega.

En España, algunas ciudades se están distinguiendo por la ambición de sus actuaciones. Una de las principales apuestas es la del municipio madrileño de Rivas: Rivas Ecópolis es un programa, que consta de 38 proyectos, cuyo objetivo es la reducción del 30% de las emisiones para 2020 (el objetivo de la UE es reducir el 20%) y tener emisiones cero en 2050. Para hacerlo quieren "implicar a la ciudadanía con acciones tangibles", dice Francisco Romero, director del programa. Los ciudadanos del municipio, por ejemplo, pueden instalar placas solares fotovoltaicas en sus hogares sin que les suponga coste alguno. Romero explica que el Ayuntamiento ha llegado a un acuerdo con Bancaja para que ofrezca préstamos a los propietarios que se pueden pagar con los beneficios que genera la electricidad, que va conectada a la red general. "Las placas que se suelen poner en las casas unifamiliares cuestan alrededor de 22.000 euros, y los beneficios que genera su funcionamiento son de unos 2.500 euros anuales. Como las placas tienen una vida útil de 25 años, el ciudadano obtiene beneficios a partir de los nueve años".

Por ahora, 13 familias se han decidido, aunque 500 se han pasado por la agencia local de la energía de Rivas para pedir información sobre la instalación. "Hubieran sido muchas más de no ser por la crisis, porque aunque no suponga costes la gente se siente insegura y no quiere firmar créditos", apunta Romero. Una de las 13 familias es la de Ángel Luís Samos, de 37 años, casado y con hijos pequeños, que está a la espera de que se le confirme la licencia para empezar a generar su propia energía, probablemente, a partir de febrero. "Llevábamos tiempo pensando en poner las placas, pero las térmicas [de autoabastecimiento] eran muy caras y no se llegaban prácticamente a amortizar. Al final nos decidimos por esto, con lo que además de colaborar con el medio ambiente podíamos ganar dinero".

Otra de las motivaciones de Samos es la de dar ejemplo a sus hijos: "Cuando eres muy joven te interesas, pero cuando tienes hijos empiezas a preocuparte por ver qué mundo les vas a dejar. Además, ésta es una forma de sembrar en ellos la semilla del ecologismo ya desde bien pequeños". Pese a las facilidades que ha ofrecido el Ayuntamiento, la decisión no está exenta de dudas: "Siempre tienes un poco de reparo por si la inversión no renta lo que esperas, o si bajan los precios; pero es que si lo piensas demasiado no haces nada", dice Samos.

Los ripenses, además, pueden instalar gratis en sus casas compostadoras (para generar abono), algo que han hecho ya 950 hogares. Ya sean unifamiliares o pisos que dispongan de terraza, pueden acceder a uno de estos depósitos y recibir una sesión informativa de los técnicos, que les explican el funcionamiento y les resuelven dudas antes de empezar a utilizarlos.

El objetivo de las acciones municipales es el de implicar a la ciudadanía, ya que, sin la participación activa de las ciudades, la sostenibilidad se hace imposible. Luis Jiménez, presidente del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE), afirma que "se conseguirá poco globalmente si no hay acción y lucha desde las ciudades". Sobre la capacidad de actuación de los municipios, Jiménez opina: "Se trata de cambiar la cultura urbana, con políticas directas, hay muchas formas racionales y simples de cambiar las cosas, como facilitar a los ciudadanos que puedan reducir los trayectos pequeños en coche". El presidente del OSE cree que es ahora cuando está dándose una verdadera conciencia de acción por parte de las ciudades, algo que está siendo posible gracias a la cooperación, pero que tiene que seguir creciendo.

Las posibilidades son muchas. El cementerio de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona), lleva un año albergando algo más que nichos. Junto a las lápidas conviven 752 metros cuadrados de paneles solares que producen tanta energía como la que gastan unas 35 familias y evita la emisión de 62 toneladas de CO2 anuales. Esta ciudad, de 117.336 habitantes, cuenta ya con más de 3.000 metros cuadrados de paneles solares situados en edificios públicos, con un objetivo: generar energía renovable a partir de un espacio público idóneo para albergar este tipo de generadores. "La justificación del emplazamiento es evidente. Es un espacio público de gran superficie, sin sombras y con una gran capacidad de absorción solar, algo que para una ciudad como la nuestra, donde tenemos poco espacio disponible, es una gran oportunidad", defiende la responsable de Medio Ambiente del Consistorio de Santa Coloma, Begoña Bellette. El proyecto se acordó con la empresa que gestiona la necrópolis: "No hemos tenido ninguna queja, salvo alguna anecdótica del Grupo Popular, porque lo hicimos de manera que estorbara lo menos posible y que no afectara al recogimiento de las familias; desde el propio cementerio ni siquiera se ven las placas".

Bellette se muestra partidaria y agradecida de la presencia de la representación de los alcaldes en la capital danesa. "Me parece un gesto de justicia democrática. Los Ayuntamientos somos quienes más cerca estamos de los ciudadanos y creo que nos corresponde tomar parte en los compromisos y acciones que se tomen", afirma la regidora.

En otro ámbito de actuación, los alcaldes propusieron en Copenhague lo que Vigo ha impulsado: la agenda sin coche. Con el objetivo de sensibilizar a la población y "ya que el mejor ejemplo es la propia implicación", el alcalde de la ciudad gallega y sus concejales han empezado a acudir a algunos actos a pie o en transporte público. "Yo cada semana hago un día sin coche, y publico en mi web todos los actos a los que voy sin él", dice Caballero, quien defiende que todo el mundo puede dejar el coche al menos un día a la semana, y confía en que su ejemplo signifique algo más que una bonita intención: "A la gente le encanta encontrarse con el alcalde en el autobús, hay cordialidad y facilita el diálogo entre la gente, pero además tiene una efectividad importante, porque se envían señales a la población: todo el mundo puede ir en autobús, se puede romper la cultura del coche".

Caballero reconoce que ésta es una labor necesaria pero simbólica. En el plano de la acción directa, Vigo lleva dos años "humanizando" sus calles. "En los últimos dos años hemos cambiado casi 300 calles, hemos fomentado la peatonalización y dejado sólo un carril de circulación para orientar la calle a los ciudadanos en vez de a los vehículos", asegura Caballero.

También en el norte, en San Sebastián, se han puesto en marcha algunas originales medidas, sobre todo orientadas a minimizar los residuos. Una de ellas es el fomento del uso de pañales reutilizables (con lo que han comprobado que una guardería mediana puede ahorrar 9.000 pañales al año) o del agua del grifo (han repartido 2.000 jarras entre los bares y restaurantes para evitar el consumo de agua embotellada). Campañas de intercambio de libros y juguetes, para reducir las bolsas de plástico e introducir las de tela y campañas de sensibilización también forman parte del proyecto, que les ha valido el premio Ecoinnovación de la segunda edición de buenas prácticas locales por el clima de la Red de Ciudades por el Clima.

La clave para que los proyectos tengan éxito también reside en los ciudadanos, a quienes hay que ofrecer proyectos claros y transparentes. "La gente debe conocer bien cuál es el por qué y el objetivo de sus acciones, para lo que es necesaria una buena planificación", afirma Zoronda. Las ciudades pueden y deben liderar el cambio, pero no podrán hacerlo sin apoyo institucional y de los propios ciudadanos, que deben tener la información necesaria para que evitar escepticismos.
Compromisos de las urbes

- Las ciudades que se han unido a la plataforma Gobiernos Locales por la Sostenibilidad, bajo el marco de Naciones Unidas, firmaron en 2007 unos compromisos de mucho mayor alcance que las acciones globales.

- Medir y recoger las reducciones de emisiones con el objetivo de que, para 2050, las emisiones globales hayan bajado un 60% respecto a las de 1990 (un 80% en los países industrializados).

- Unir las medidas nacionales e internacionales con las locales, para que a las ciudades se les proporcionen recursos y autoridad suficientes para llevar a cabo sus responsabilidades.

- Crear una producción energética sostenible, reduciendo combustibles fósiles y potenciando energías limpias.

- Ejecutar medidas desde los Gobiernos locales, dando prioridad a las ciudades más vulnerables.

- Apoyar la convención de la ONU participando en las negociaciones para asegurar que se dé prioridad a las acciones locales.

- Apelar a los Gobiernos nacionales para que se impongan restricciones que consigan los objetivos marcados en el primer punto.

Fuente:

El Pais

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